Extraído de la serie Palettes, que en España fue titulada El pintor y su obra, fue una serie documental francesa de 45 capítulos que se realizó entre 1989 y 2003. Su director fue Alain Jaubert. https://hortushesperidum.com/palettes/

CLASIFICACIÓN DE LA OBRA

Es uno de los cuadros más grandes y célebres del Museo del Louvre. Su título: La balsa de la Medusa. El autor: Théodore Géricault, que falleció a los 33 años. Pertenece al estilo pictórico del Romanticismo.

Se expuso en 1819 en el Salón oficial bajo el título de “Escena de un naufragio”, y se basa en un hecho real: el escándalo que produjo en Francia el hundimiento de la fragata “Méduse”. Aunque vale una medalla del Salón de 1819, no es adquirido por el Estado. Por invitación de un empresario del mundo del espectáculo, la balsa se exhibe en el Museo Egiptian Hall de Londres, donde atrae a una considerable multitud. El cuadro será comprado por el Museo del Louvre en 1824, al día siguiente de la muerte del pintor.

DESCRIPCIÓN

La escena transcurre en el mar, una balsa capea las olas con aparejos improvisados, se ha atado una tela al mástil para formar una especie de tela de campaña, y una verga sujeta una vela cuadrada

En primer plano hay varios cadáveres, el primero reposa sobre efectos militares. El segundo es retenido por un hombre meditativo, más mayor. El tercero está tumbado boca abajo. El cuarto yace boca arriba con la cabeza arrastrando en el agua. Al pie del mástil hay varios personajes sentados, en el centro, tres de sus compañeros se alzan a otro grupo de hombres que, subidos en toneles, agitan febrilmente varios retales. A su derecha, otro personaje trata de levantarse zafándose del peso de un hombre negro que quizás ya haya muerto. Cerca del mástil, cuatro hombres de pie, uno señala a altamar, los otros tres miran.

CONTEXTO DE LA OBRA

A principios de 1818, Géricault tiene 27 años posee un taller en la Rue du Martir de París, cerca del de Horace Vernet, al que acuden artistas liberales.

Decide centrarse en otro suceso que ha desencadenado apasionados debates políticos: el naufragio de la fragata de la Medusa. El pintor se entera del drama por las imágenes populares, y sobre todo por el libro de dos de los supervivientes: J. B. Henri Savigni y Alexandre Correard. Gericault se reúne con ellos y escucha su relato:

http://adrianapolis.com/blog/en-la-balsa-de-la-medusa/

En julio de 1816, cuatro barcos franceses habían zarpado de Rochefort, con la misión de aceptar la devolución británica de la entonces colonia de Senegal, que la Paz de París acaba de restituir a Francia. El gobernador francés designado para Senegal, el coronel Julien-Désiré Schmaltz y su esposa, Reine Schmaltz, estaban entre los pasajeros. Además de sus funcionarios y dos compañías del batallón disciplinarios de África.

El comandante de la fragata de la Medusa era Du Roy De Chaumareys, que, como otros de los muchos nobles emigrados durante la Revolución, había retomado su cargo desde la Restauración pese a llevar veinticinco años sin navegar.

A principios de julio, la Medusa, más rápida que los otros barcos, llega frente a las costas mauritanas. Su comandante cree haber dejado atrás el bajío del banco de arena de Arguin y, desoyendo las protestas de sus oficiales, orienta la navegación en dirección sur – sureste, para alcanzar, lo más rápidamente posible, San Luis de Senegal.

El 2 de julio, la fragata encalla en el fondo arenoso. Para aligerar el barco de su material pesado se construye una gran balsa.

Tras varios días intentando desencallar la medusa, se decide evacuar el barco. Los oficiales, los marineros y el personal de la colonia, saltan a las seis embarcaciones salvavidas, y con ellos el comandante, que abandona el barco cuando aún quedan hombres a bordo. A algunos grumetes y sobre todo a los soldados, no les queda más remedio que ocupar la balsa, las embarcaciones intentarán remolcarla, pero muy pronto cortarán los cables y, haciéndose a la vela, se alejarán rápidamente. En la balsa, pesada e incontrolable, con sus 20 metros de largo por siete de ancho, se amontonan 147 personas.

Para empezar, la segunda noche estalla un motín. La balsa carece de víveres. Solo cuentan con una barrica de agua y varias de vino. El mar está embravecido. Los militares, presas del pánico, atacan a sus superiores. Se hacen con una barrica, se emborrachan e intentan hundir la balsa. Los oficiales acaban con los amotinados a sablazos. 63 hombres son asesinados, otros enloquecen. Los muertos los heridos y los locos, son arrojados al mar.

A partir del cuarto día, los náufragos empiezan a cortar pedazos de carne de los cadáveres y a devorarlos. Durante varios días, se suceden los motines, las crisis de locura y las ejecuciones sumarias.

Por último, el rescate: El 17 de julio, tras trece días de lenta deriva, otros de los barcos de la escuadra, un carguero que había salido en busca de los náufragos, llega para salvarlos. No quedan más que 15 supervivientes, de los cuales 5, morirán en días siguientes.

En ese instante, la suerte ya está echada, y el pintor prefiere concentrarse en el instante precedente, en el que los náufragos descubren el barco en lontananza y se exaltan, pero, un instante después, se sumen en la desesperación porque piensan que el barco no los ha visto. Aparece así el hombre que agita los retales, y el que sostiene a otro muerto en sus brazos, pareja que se llamará el padre y el hijo.

TÉCNICAS DEL PINTOR

Gericault intenta plasmarlo todo en una sola escena.  

Reconstruye la historia de la balsa en unos cuarenta dibujos.

Varios dibujos desarrollan la escena- Un segundo boceto al óleo no lo llega a terminar.

En julio de 1818 alquila un taller mayor al que transporta un lienzo gigante de 7,10 metros por 4,91. A partir del otoño no abandona el taller, y el trabajo dura 9 meses. Utiliza modelos para los personajes del drama. De varios de ellos, Gericault realiza retratos al óleo en tamaño natural.

En esta foto del 3 de mayo del 2014, el actor francés Nathan Gabily, en el papel de Theodore Gericault, a la izquierda, hace un boceto de un modelo que interpreta a Eugene Delacroix para «La balsa de la Medusa», durante la filmación de un documental sobre la obra maestra en Rochefort, Francia. (AP Foto/Francois Mori)

Al mismo tiempo se dedica a una serie de estudios muy particulares, que alimentarán rumores sobre los gustos macabros del pintor. A fin de analizar las tonalidades de la carne muerta, Gericault toma prestados trozos de cadáveres de un vecino hospital: brazos, cabezas… Quienes visitan el taller se quejan del hedor. Estos cuadros independientes despiertan la admiración de Delacroix, que declara: “La pintura no siempre necesita un tema”.

Gericault estudia las expresiones, posiciones y sombras en una serie de 60 nuevos dibujos: el hombre que intenta levantarse, el hombre sentado con la cabeza en las manos, el hombre arrodillado… Luego traslada los dibujos al lienzo. Sobre el fondo claro, el óleo va adquiriendo poco a poco un aspecto de un gran grupo de cuerpos, flotando en el espacio. Falta componer el paisaje marino. Observa paisajes al natural para captar los matices del cielo y del mar bajo la luz del sol naciente.

TEMÁTICA

Desde el siglo XVII el naufragio es uno de los grandes temas de las marinas: el mundo al revés, el mar desatado, la cercanía de la muerte, el pánico de los últimos instantes, la confianza en la técnica, el fracaso del hombre moderno, reflejándose temas como el juicio final o el diluvio universal.

Gericault recuerda la tonalidad negra de El diluvio de Poussin, los violentos contrapuntos del Diluvio de Girodet, y la caída desesperada y desordenada de los cuerpos del Juicio Final de Miguel Ángel. Seguramente las esculturas de Miguel Ángel también le inspiraron.

En el proyecto original los náufragos estaban esqueléticos, enjutos y moribundos, su piel abrasada por el sol estaba al rojo vivo, sangrienta, y alrededor de estos despellejados en vida, colgaban pedazos de carne humana puestas a secar. Imágenes que la sociedad de la época probablemente no hubiera soportado. Con todo, no quedarán indicios de tanto horror. El cadáver de la izquierda parece troceado. Hay deshechos rojizos, aunque son restos de túnicas militares. En alguna venda también se ven rastros de sangre. Por otra parte, algunos elementos insinúan la violencia de los episodios acaecidos días antes:

  • El hacha abandonada tras las luchas
  • Las barricas de vino responsables de las crisis de locura
  • La cruz de la Legión de Honor, que prueba que la historia no es intemporal, sino que los personajes son franceses.

COMPOSICIÓN

Las numerosas líneas entrecortadas que configuran el cuadro, recuerdan el drama. Por una parte, las líneas figurativas: redes entrecruzadas de tablas, palos…. Una viga rompe esos ritmos en diagonal, y las líneas oblicuas de los mástiles y de la verga, se contraponen a las curvas de las barricas, y de los grandes pliegues de la vela, contra el recorte encrespado de la ola que rompe en sentido opuesto. La pirámide humana con su eje ascendente de izquierda a derecha.

Gericault sigue siendo esencialmente dibujante, el modelado de la piel se ejecuta con plumeados. El cuadro cuenta con retratos enérgicos. Pero como varios personajes dan la espalda al espectador, el pintor ha transferido toda la expresividad a las manos.

COMENTARIO ICONOGRÁFICO

En aquellos tiempos cada año se producían multitud de naufragios por mares del mundo entero, pero ninguno ha dejado tantos testimonios escritos: el primer relato de Savigni, interrogatorios a los marineros, acta del consejo de guerra que degradó al comandante y lo condenó a 3 años de prisión, y lista de enrolados y desparecidos de la Medusa.

En el libro, Savigny expresa el horror al ser abandonados y por tanto es una venganza. Pero hay una culpabilidad secreta en estos ambiguos héroes y supervivientes que Gericault refleja. Pues solo sobrevivieron los que estaban armados y dieron muerte a los amotinados y a los heridos.

En definitiva, la historia de la balsa refleja temas claros:

  • Los espejismos de la expedición colonial, aunque la esclavitud acaba de ser abolida en Senegal, se sigue comerciando con esclavos
  • Gericault tratará este tema en otro cuadro de gran tamaño sobre la trata de negros.
  • La cobardía asesina de la jerarquía militar que es capaz de abandonar a los hombres de menor rango, y la eliminación de los más débiles. Este último aspecto de la locura fascinará a Gericault, que pintará retratos después de maniacos.
  • La bestialidad y el canibalismo como alejamiento máximo del ser humano.

El mar embravecido se aclara y amansa con la aparición del barco de rescate. Solo al anciano le resulta indiferente esta aparición del salvamento, adopta la postura atormentada de melancolía, retiene el cuerpo muerto de un joven, con un parecido a la estatua antigua de Menelao sosteniendo el cadáver de Patroclo.

En la balsa no hay mujeres. La única que había a bordo fue arrojada al mar una vez herida.

Gericault muestra una asamblea de hombres entrelazados, que suscitó ironía por su erotismo. El sexo está muy presente, aunque muerto o velado, sugiriendo que no es ahí la interpretación del cuadro.

Sus dibujos estaban inspirados en la antigüedad, donde reflejaba seducción, raptos, juegos amorosos en los que se mezclaba la guerra y el amor, combate que se plasmaba en torsiones y distorsiones. De hecho, puede que la imagen misma de la medusa, cuya mirada era petrificante, le inspirara. La balsa como un monstruo mitológico: sus vigas mal ensambladas se hundían, se separaban, rodaban, rompían piernas, aplastaban cuerpos que arrojaban a los tiburones; máquina infernal, castradora, demoledora, devoradora de hombres, invento diabólico.

El cuadro suscita mitos, revueltas y altera el orden clásico del Museo obligando a entender la Historia que encierra. La representación sigue suscitando nuevas interpretaciones: desde la fascinación por la muerte, su paternidad escondida, sus relaciones incestuosas con su tía, su final trágico. Sin embargo, la más plausible fue la construcción, a partir de un hecho real, de una obra excesiva, tal como lo hicieron pintores como Caravaggio.


En contraposición a todo lo expresado en esta obra, aparece en nuestros días una reinterpretación de ese espacio, por José Manuel Ballester (Premio Nacional de Fotografía 2010). Su obra investiga la soledad del individuo y las contradicciones del mundo moderno a través de la arquitectura, transformando espacios en escenas artificiales, vaciándolos de su contenido. En la serie Espacios ocultosincluye reinterpretaciones de obras maestras de la historia del arte, que el autor rehace alterando digitalmente imágenes fotográficas de esas pinturas del pasado, con el fin de generar ausencias turbadoras. Obras como La Balsa de la Medusa sin su historia, desapareciendo así del tiempo.